lunes, junio 15, 2009

Nuestra lucha

¿Te has levantado por la mañana con esa sensación de haber participado en una lucha que te deja con el cuerpo adolorido, como si te hubiera golpeado un tren? Yo si. Es lunes y mientras escribo esto me preguntó ¿que es lo que me hace sentir tan golpeado?


En los últimos seis meses he sentido el ataque de mi enemigo (o enemigos?) que no son de carne y hueso, sino espirituales.
Una y otra vez mi enemigo ha tratado de hacerme sentir inadecuado, incompetente, inseguro, incluso incongruente. Ha logrado que personas que ofrecieron su amistad y apoyo ahora me den la espalda, quienes un día buscaron consejo y ayuda hoy se aparten como si tuvieran miedo de contagiarse con una enfermedad incurable...
Me siento como el salmista que dice: (Sal 13:2) ¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma, teniendo pesar en mi corazón todo el día? ¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?


Reflexiono y recuerdo que nuestra lucha no es contra carne y sangre dice el apóstol (Efesios 6:12), eso es evidente porque el enemigo utiliza a las personas para hacerte sentir mal, ya sea con una acusación velada, un rumor, una mentira, un comentario mal intencionado, un chisme; tales son las herramientas del enemigo para desprestigiar, desacreditar y hacer caer al prójimo.
El objetivo es desanimar, derrotar y lograr la rendición, atacar el ánimo, los pensamientos y finalmente el cuerpo comienza a ceder ante la presión. Ahora entiendo el dolor del cuerpo.


Sin embargo, este no es momento de claudicar, rendirse y "abandonar en barco", es hora de levantarse de la caída, sacudirse el polvo y volver a la pelea.
Se que hay muchos heridos en la batalla, "toda guerra tiene sus bajas" dicen los estrategas militares, pero mientras dure el día seguiremos luchando, seguiremos aguantando porque estoy convencido como Eliseo le recuerda a su ayudante "No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos".(2Re 6:16)


¿Te has sentido así alguna vez? Pues déjame decirte que no estás solo. Cada vez que alguien desee servir a Dios con todo el corazón, alma y mente, se inicia una brutal batalla espiritual, una encarnizada guerra que no respetará treguas ni tendrá límites. El enemigo es implacable, no tendrá reparos en atacar, debilitar y destruir.


Cuando eso sucede lo importante es mantener la cabeza en alto, asegúrate de estar sirviendo a Dios con la conciencia limpia, que tus intenciones son genuinas y nos hay intereses ocultos.


Tarde o temprano la luz revelará la verdad y la evidencia será indiscutible, lograremos la victoria si no claudicamos.... Mientras tanto la batalla continúa.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermosa reflexion. Y las veces que pasado por ese tipo de situaciones me aferro a los medios que Dios nos ha dejado: su palabra, la oración y los sacrementos. Estos me han ayudado mucho en las pruebas de mi diario vivir.
Saludos Frank!
Atte. Sonia Manzanilla

siervos de Jesús dijo...

Muchas veces vivimos experiencias que nos ayudan a confiar mas en el Señor, pero en otros momentos nos balanceamos y sentimos que caeremos al vacío, en ese momento nuestro padre celestial nos rescata con su amor. Prosigamos a la menta. Bonita reflexión hermano.
Att Daniela

Chiva dijo...

NECESITO DE ESOS SOLDADOS ESPIRITUALES PORQUE SIENTO DERROTAR..!!! PERO ME ALEGRA Y ANIMA SABER QUE MANTENIENDO EL CORAZÓN SEGURO DE ESTAR SIRVIENDO A DIOS CON TODA MI MENTE Y MI SER, ME ALIENTA A SEGUIR ADELANTE Y CONFIADA EN MIS BATALLAS DIARIAS.

BENDICIONES HERMANO FRANK!!!

REFLEXIÓN ALENTADORA...